EVA DOMINGO
TRAYECTORIA VITAL

DE NIÑA: EL PRIMER ESCENARIO
Cuando era pequeña y aún no tenía uso de razón —pero sí de Ser— mi madre me llevaba a recoger a mi hermano a la escuela infantil. Mientras ella hablaba con la profesora, los niños y niñas me miraban en silencio atentos a cualquier cosa que hiciera. Ahí, ante aquellas miradas expectantes, descubrí mi primer escenario. Con risas y aplausos me despedían. Y aquel recuerdo de una niña de tres años construyó gran parte de mi camino: ser una payasa.
Conoce mi trayectoria
DE NIÑA: EL PRIMER ESCENARIO
Cuando era pequeña y aún no tenía uso de razón —pero sí de Ser— mi madre me llevaba a recoger a mi hermano a la escuela infantil. Mientras ella hablaba con la profesora, los niños y niñas me miraban en silencio atentos a cualquier cosa que hiciera. Ahí, ante aquellas miradas expectantes, descubrí mi primer escenario. Con risas y aplausos me despedían. Y aquel recuerdo de una niña de tres años construyó gran parte de mi camino: ser una payasa.
A LOS VEINTE: EL TEATRO
A partir de LOS VEINTE, exploré esa faceta cómica a través del teatro. Actué en escenarios de todo tipo: teatros, festivales, escuelas, casas de cultura, ferias… Gracias a los aplausos y la mirada del público me reconocí en mis múltiples facetas: actriz, cuentacuentos, titiritera y, sobre todo, payasa con un tambor colgado al cuello. Tocarlo ha sido —y sigue siendo— mi forma más pura de felicidad. Ese latido de madera y piel se convirtió en mi pasión: el ritmo.
A LOS TREINTA: EL RITMO SE EXPANDE
A LOS TREINTA descubrí por azar tambores de otras geografías y culturas. Mi visión musical se expandió y encontré maestros/as que me inspiraron y me enseñaron a dominar instrumentos de la música árabe, turca y persa: darbuka, bendir, davul y daf, así como el cajón...
A LOS CUARENTA: LA VOZ Y LA CREACIÓN
Alrededor de LOS CUARENTA, mi trayectoria musical se enriqueció al liderar grupos con los que exploré el canto y la composición. Fue un regalo magnífico escribir poesía convertida en canciones y profundizar en el poder de la voz. Así, mi camino se diversificó: componía, cantaba, hacía teatro cabaret y enseñaba a tocar instrumentos de percusión.
LA PERCUSIÓN CORPORAL: OTRA FORMA DE CREAR
Entonces, como ocurrió años atrás con el tambor, me encontré por casualidad con algo que me fascinó: la percusión corporal. Quise dominar esta disciplina, aprendí de los mejores y gané libertad para crear ritmos. Además, renovó mi entusiasmo por la pedagogía.
HOY: SEGUIR CREANDO Y APRENDIENDO
Hoy, desde mi alma humilde y creativa, sigo componiendo, cantando, tocando, enseñando y aprendiendo. Es el motor que nunca deja de iluminar mi camino.
Recientemente descubrí la magia de lo pequeño. Ahora elaboro instrumentos de percusión con caña y materiales reciclados, transformándolos en animales o marionetas. Son piezas del acervo popular que me susurran nuevas inspiraciones, chispas que mantienen vivo mi impulso creativo.
MÚSICA
Una parte esencial de mi trayectoria
A lo largo de mi recorrido como música he formado parte de diferentes proyectos musicales.
Durante años he compartido escenario con Besarabia y Klezmerama, dos formaciones que han marcado una etapa importante de mi trayectoria.
Más de una década de música mediterránea y balcánica. Su álbum Animal Republic recibió el Premio Carles Santos al mejor disco de fusión y mestizaje.
Seis años explorando la música klezmer desde una propuesta fresca, energética y participativa.